Mi vida siempre ha estado marcada por decisiones rápidas y agendas llenas. En Tijuana, ese ritmo es normal. Después de registrarme en la plataforma, conocí a una mujer con una actitud serena, muy distinta a la mía.
Nuestra primera cita fue en un restaurante cerca de Zona Río. Hablamos de trabajo, viajes y de cómo cada uno veía el futuro. Ella avanzaba con calma; yo, con prisa. Esa diferencia, lejos de separarnos, terminó equilibrándonos. Con el tiempo, aprendí a desacelerar un poco y escuchar más. Ella ganó seguridad para plantear metas más ambiciosas. No fue una relación intensa, sino constante, donde ambos crecimos adaptándonos al ritmo del otro.







